Trajes de flamencas y mantoncillos: sus orígenes


Foto: Elisa (mi madre) a la izquierda con sus amigas. Feria 1942

A partir de abril y mayo, la alegría de las ciudades andaluzas se desborda, comienzan sus ferias y romerías. Hacemos un recorrido para recordar los comienzos de este traje típico y de su complemento principal: El mantoncillo.

Nadie puede negar que, el traje de flamenca, es el traje que más favorece a la mujer y ya desde niñas nos gusta lucir como nuestras madres. ¿Quién de pequeña no se ha quedado embobada ante la imagen de este traje, del movimiento de sus flecos y volantes? El traje de flamenca, el cual ha traspasado fronteras y se ha convertido en un icono de la cultura andaluza y española, es de origen muy humilde.

El origen del traje de flamenca se remonta a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando las vendedoras acudían a la feria con los tratantes de ganado vestidas con modestas batas de percal adornadas con volantes, era su uniforme de faena exactamente era una bata, cuyos volantes, bordados y colores que lo confeccionaban atrajo las miradas de las señoras de alta alcurnia de la época.

Con motivo de la exposición universal de 1929, en Sevilla, este traje quedó no solo consagrando como el traje oficial para acudir a la feria, sino que gracias a su proyección internacional, el traje de flamenca se convirtió en todo un referente de la cultura española por todo el mundo.

Su complemento indispensable es el mantoncillo, aunque según modas hay ocasiones que se ha prescindido de ellos. Lucir mantoncillo es un arte. Su origen se lo debemos al pueblo chino que emigró a Manila hacia el 1575. Llevaron consigo tapices cuadrados y colchas de seda bordadas, objetos que formaban parte de su vida cotidiana, los cuales comenzaron a importarse hacia el s. XVIII.

Pero no fue hasta finales del XVI, cuando el tráfico mercantil oriental ascendió desde la colonia española de Filipinas hacia Europa. Desde el Puerto de Manila zarpaban hacia el de Sevilla. Por el cabo de Buena Esperanza se empezó a exportar desde Manila a Sevilla hacia el S. XVIII.

Las clases más pudientes de España adoptaron pronto la costumbre de lucir dicha prenda, hasta que años más tarde se popularizara convirtiéndose en imprescindible para la clase media del siglo XIX . A pesar de que en sus orígenes el mantón de Manila era una prenda de uso cotidiano, con el que las mujeres trabajadoras se protegían del frío al salir a la calle.

Cuentan que las Cigarreras Sevillanas, utilizaban para bordar los trozos de seda donde venían envueltos los fardos de tabaco. De Andalucía son las grandes rosas y claveles, principales motivos ornamentales de diseño. Es dato curioso que, los Mantones de Manila, la unión de la cultura china y andaluza, tengan el nombre de una bella ciudad filipina, donde nunca llegaron a confeccionarse. Siglos más tarde, acompañarían a la Moda Flamenca de la mano, hasta el punto de evolucionar y hacer nacer a los populares «mantoncillos».

En Garyval nos queremos dedicar plenamente a la moda flamenca infantil con la marca Nueve y los mantoncillos con la firma "La Hispana Sevila", manteniendo nuestra línea de moda infantil de las marcas "Marta y Paula" y "Yoedu".




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